Angelito

Posted by Admin on Sty 6, 2012 in Kategoria główna |

wersja polska

– Uno, dos, tres … ¡Vámonos! – Manda el indio.

Pero después un momento, parece claro que otro intento se acabó en nada.

Durante media hora, cinco hombres andando en el agua hasta el cuello, tratan empujar el bote hasta las cataratas de dos metros en el herrumbroso de taninos, impetuoso Río Carrao. Las ondas del agua espumosa golpean cuerpos conimage147a una fuerza implacable. Todo el tiempo, alguien se vuelca en rocas resbaladizadas, corriente lleva a alguien otro. A veces, la canoa parece mas una protección contra el agua cayendo con gran velocidad y fuerza, que el objeto de esfuerzos infructuosos. Durante la sequía de seis meses, el nivel del agua bajó tanto, que las operaciones similares vamos a repetir más que veinte veces durante el viaje de siete horas por río.

Dos indios, dos Polacos y un Italiano deciden pagar el precio de la fatiga, heridas, quemaduras, tumores, empapada completa de la ropa y de los zapatos para lograr solo uno objetivo – llegar al Salto Ángel, la cascada más alta del mundo.

Sin embargo, esta historia comenzó en otras partes. Su principio tuvo lugar siete días antes y ciento cuarenta kilómetros de distancia en uno de los muchos, olvidados por Dios pueblos venezolanos – La Paragua.

Sabana – El mundo de yerba

La ciudad se encuentra al final de la carretera interstatal troncal 16. A continuación, hacia el sur, hay un terreno inundado, formado por la fusión de los ríos Paragua y Chiguao. Eso es la puerta del mundo de la vasta, casi deshabitada, cubierta de hierba sabana.

Después de las cinco de la mañana, el sol aparece en el horizonte e inmediatamente empieza a escalar por firmamento. A las nueve de la mañana, las sombras se convierten en los sucedáneos pequeños y deformados de los árboles que las bosquejan. El término „sol en su cenit,” adquiere nueva significación – casi se siente el peso de los rayos que caen verticalmente sobre los hombros humanos. Del cielo gris-azul, en que reina una bola blanca encedida, cae una incandescencia indescriptible. Tierra seca se resquebraja, en el aire se alza el olor de la quema de hierba, los animales se esconden en las sombras de árboles que raramente crecen en la llanura.

El único sendero que cruza esta tierra, serpentea como un chorro de arena. Polvo rosado cubre los surcos profundos, que recuerdan la temporada de lluvias de medio año atrás. A pesar de la conciencia de distancia, la inmensidad y la monotonía de la sabana cruzan las fronteras de imaginación. La esperanza de ver algo diferente, después de la siguiente curva o cuesta, algo nuevo, que podría aliviar el sentimiento desagradable de polvo llenando las fosas nasales y picando los ojos, se convierte en una obsesión. Minutos se transforman en horas, las horas duran toda la eternidad. El calor retarda el tiempo.

Caminando es monótono, lo diversifica solo vista de rebaños de vacas. Encontrando un humano tiene que estar un evento especial para ellas, porque normalmente observan a los caminantes todo el tiempo que los permanecen a la vista. A veces, comienzan a seguir a la gente que pasa. Junto con los sonidos que hacen, las vacas pueden inspirar un poco de diversión. Se pierde las ganas de reír, cuando el animal que se observa de una distancia de cinco metros, resulta ser un gran toro, con cuernos.

Entre las interminables llanuras áridas, el agua resulta ser un valor incalculable y la ansiedad de su falta, motivación para continuar la marcha. Las reservas se están reduciendo rápidamente, y el hombre en contra de todos los instintos, se debe racionar el líquido vital. A veces, inspira a la esperanza una vista lejana de lechos de los IMGP0712aarroyos. Desafortunadamente, casi siempre resultan ser los zanjas secos. Llegada a uno de los principales ríos, que cruzan la región, echa en el corazón de viajero alegría, que es tal vez sólo comparable con la sensación experimentada por los Judíos después de ver la Tierra Prometida por la primera vez. Se convierte en pensamiento insoportable, que el agua puede no ser potable. No obstante, tomamos el riesgo. Y luego, otra vez hay que luchar con todos los instintos, para continuar el viaje que aleja de la fuente inagotable.

Por la tarde, hay que organizar el campamento. No es fácil en la tierra de la hierba, encontrar un lugar, donde es posible colgar hamacas. Los árboles enanos con troncos blancos son extremadamente suaves y frágiles. Por lo tanto, a menudo suceden las paradas dolorosas durante el sueño, en medio de la noche, causado por la ruptura repentina de una rama.

La noche es el momento cuando finalmente se puede ceder a sentimiento de cansancio y fatiga, que se extiende por todo el cuerpo. Los pies dolorosos ya no tienen que superar más metros, la ropa no irrita la piel, los arroyos de sudor ya no caen del cuerpo caliente más tiempo, y la espalda ya no está a bajo de mochila pesada. El fuego cruje. El agua se hierve en fiambrera, casi listo por una comida esperada con anhelo.

Por encima de cabezas hay vista, que compensa todas las dificultades del día. El cielo nocturno sin luna, cubierto con millones de estrellas que se reunen en los remolinos de las galaxias, da una oportunidad de detener el tiempo y moverse al mundo de los sueños. Con la oscuridad de la noche, iluminada sólo por lo más hipnótico de los elementos – fuego, el paisaje se convierte en un sueño surrealista, una creación fantástica de las pinturas de Hieronymus Bosch.

Frío de la noche no puede detener de dormir. Estas horas inquietas, cuando la sabana se reanima durante la noche, son necesarias para continuar la marcha al día siguiente, en el camino, que finalmente lleva a la selva tropical.

Selva – el mundo de los arboles

La selva vista desde lejos, destaca por sus colores. Verde vivo y exuberante, diversifican los flores de varios colores, ríos azules y loros coloridos volando por encima de las coronas de arboles. Fotos conocidos de las agencias de viajes,image109a tientan con la magia tropical, la vegetación fantástica y la atmósfera encantadora. Cuando una idea de la selva viene por la cabeza, la mente empieza a crear asociaciones placenteras, conectadas con las imágenes de los jardines de paraíso.

Mientras tanto, dentro de la selva es muy diferente. El concepto que llevamos se rompe en el primer arrecife del océano marrón – verdoso. En el bosque tropical hay una penumbra permanente, y la visibilidad se limita a unos pocos metros. Las plantas crecen tan densamente que incluso con un machete movimiento es extremadamente problemático. Caminos que cruzan la selva, creen una especie de túnel con las bóvedas celestes. La jungla está vivo y lo hace en una manera exepcionalmente inquietante. Rumores continuos, aullidos, crepitaciones, los movimientos nerviosos rodean al hombre, le cansan y embotan los sentidos. Humedad impide la respiración normal, bloquea la evaporación del sudor, aumentanda por la sensación de calor que paraliza los movimientos. La oscuridad y la impresión de apretura del cordón de la vegetación, en los senderos estrechos crea una atmósfera claustrofóbica de clausura,  ansiedad, y miedo.

Los ríos son una huida del bosque, que pacifica la mente. Son los carreteras de selva. Viaje en canoa por un tranquilo y perezoso Río Caroní da una oportunidad de ver la jungla de una perspectiva diferente. La mente enciende la percepción estética de la realidad. Los momentos cortos, que se pasa en el barco dejan descansar, apagarse, y de alguna manera, dejan domesticar a un bosque peligroso.

Sin embargo, esto sólo se puede hacer en su propia cabeza. No hay posibilidad de domesticar lo que de definición es indomable. Selva muestra sus uñas especialmente por la noche. Los sonidos del día, durante la noche parecen balbuceo del bebé. Después del atardecer, la oscuridad no iluminada ni por el más mínimo destello, resuena de la parecida al Wgner, una sinfonía poderosa y siniestra. Tumulto embota los sentidos, los músculos se ponen tensos y las manos sudorosos se aprietan en los cuchillos y linternas.

A veces, por la tarde, una selva densa limita a los caminantes con alternativas difíciles. Incapacidad de organizar el campamento obliga a tomar decisiones imprudentes. Se puede continuar caminando, con la esperanza de que finalmente se llegara a una calva del bosque, o por lo menos a una área con la vegetación menos densa. También se puede decidir de quedarse en el medio de la calle y dormir en el surco de profundidad de un metro, con la esperanza de que esto no se convierta en el ataúd de barro seco. También hay una tercera posibilidad – Es posible encontrar los indios…

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Cuatro hermanos del cacique

Nosotros encontramos los indios. Los verdaderos, viviendo en la frontera entre selva y sabana indios. No, no … los que son bastante civilizados – que usan ropa y coches (o más bien toyotas, porque parece que hay lugares en la tierra, donde todos los coches se llaman toyotas) – el tribu indígena Pemón.

Viven lejos de la civilización, y muy raramente se ponen en contacto con ella. En esta ocasión, salieron de sus casas porque fue necesario para llevar a la madre enferma del cacique de pueblo al hospital.

Nos sentamos en el medio del sendero y pensábamos qué deberíamos hacer. A las cuatro y media, es algo absolutamente indispensable, para encontrar un lugar, para organizar campamento. Mientras tanto, un bosque denso impedía el paso de dos metros, colgando los hamacas o preparando el fuego fue algo fuera de la cuestión. Entonces nos sentamos y estuvimos cerca de la decisión de continuar la marcha, que se asoció con el riesgo de permanecer en medio de la jungla oscura por la noche sin fuego, y un lugar para dormir, cuando oímos el sonido lejano del motor.

– Coche? – Le pregunté a mi amigo.

– Creo que sí …

Después de unos minutos, de la selva salió una camioneta blanca con la suspensión mas como una camioneta monstruo que un auto común. Dando prisa, llevamos todas las cosas del medio de la carretera, llamamos con los manos, y Toyota se paró inclinada decenas de grados sobre una de las bordas. Cuatro hombres, claramente sorprendido con nuestra presencia, comenzaron a hacer montón de preguntas en el idioma apenas inteligible, que fue una mezcla de español y pemón. Se aseguraron de que no somos representantes de ninguna agencia de viajes, con que parece que los indios no viven en unas relaciones buenas, y decidieron empacarnos al cajón del coche.

Generalmente, confort del viaje en coche en una selva no existe. Los surcos de un metro de profundidad mecen al coche, como eran un océano agitado, tirando pequeño barco de pescadores. Además, ramas y lianas colgantes todo el tiempo dan latigazos dolorosos a las caras de los pasajeros que viajan en la parte de atrás de coche.

Cuando explicamos todas las circunstancias de nuestra expedición, los indios estimaron llevándonos a Canaima – el objetivo de nuestra marcha – como una cuestión de honor.

Sin embargo, antes tuvimos que ir a su pueblo. Una viaje de ocho horas a través de la selva en el coche lanzado en todos los direcciónes, pasa muy lentamente. En realidad la única diversión era una parada en el camino en una maloca solitaria, en un lugar con un nombre pintoresco Tierra Blanca. Pescado preparado por una mujer gorda, saboreaba fabulosamente (otra cosa es que cualquier variedad de pasta con salsa de tomate en la cantina, en estas condiciones, sería la realización de los sueños culinarios).

Otra forma de diversión fue la parada repentina del coche. Los chicos nos acallaron. Uno de los hombres, en sentido estricto, uno de los hermanos del cacique (lo que nos fue explicado en una forma bastante clara) salió del coche con una escopeta y comenzó a caminar paso a paso sin ni un pequenito ruido, por el bosque. Después de un momento estruendo ensordecedor cortó el silencio. La caza no fue exitosa, pero era impresiónante que alguien al dentro de un vehículo mecenado, rodeado por paredes verdes, era capaz de ver el pequeño animal en el bosque.

Después del atardecer, las formas de diversificación de viaje se agotaron. Ya que a los hermanos del cacique no falta la imaginación, encontraron un retozo, que no es mas bien conocido entre los indios, pero que a menudo se practica en los países eslavos – tomando – tomando en las cantidades grandes.

Y así, en estas condiciones particulares, en un lugar extraordinario, en el cajón de Toyota comenzó una borrachera indo – polaca regular.

Junto con kilómetros paseados y vasos de bebida fuerte vaciadas, la barrera del idioma desapareció.

Después de la conversación habitual sobre nuestras familias, los indios se interesaron en la forma de pasar las noches en la selva.

– ¿Ustedes duermen así, justo a bajo del cielo?

– Sí.

– ¿Y no tienen miedo de la Chiluna?

– ¿Y qué es esto?

– Oh… Es un tipo del tigre local (después descubrimos que probablemente eso se trataba de puma o jaguar).

– ¿¡Aquí hay los tigres!? – Ni lo preguntamos, ni constatamos, mientras comprobando, que la estupidez no es dolorosa.

Más tarde, asuntos de nuestras conversas se cambiaron por la política. Los indios resultaron ser firmes partidarios del presidente Chávez. Le deben su autonomía, a gracias de cual en las áreas donde viven, ellos establecen el derecho, tienen una formación suplente que funciona como la policía, y la autoridad suprema de los pueblos queda en los manos de los caciques, no en los de un enviado del gobierno. Por desgracia, todo eso fue explicado un poco demasiado tarde. Antes, ya llamamos el presidente de Venezuela el bandido y dictador. Discusión sobre la política un poco congeló nuestras relaciones. Sin embargo, pronto cambiamos el tema por clásico asunto de encuentros interculturales – los maldiciones y sus traducciones a nuestros idiomas propios.

Despúes… Despúes  ya era mañana.

Grandes cantidades de alcohol acortaron sustancialmente el viaje. Se han convertido también en un elemento, que había desbaratado los planes de una llegada rápida a Canaima. El bote salió, cuando nosotros todavía estuvimos en el pueblo con un nombre encantador, llamado La Bonita.

Ya desde unos cientos metros se ve, que el pueblo se encuentra en una pequeña meseta, que reina sobre las llanuras cubiertas de pastos, que la rodean. Esta ubicación de la aldea es probablemente asociada con la protección de las lluvias excepcionalmente altas, lo que puede ocurrir durante la temporada alta.

La Bonita tiene mas o menos cuatrocientos habitantes. Está encabezada por el cacique, llamado aquí el Capitano, que concentra en sus manos plenitud de poder. En el pueblo, a parte de las chozas hechas de la masa parecida a barro, hay una escuela, dispensario construido por el gobierno, una pequeña tienda, que se sirve Pepsi en tarros y sacos de cemento, de los que, tal vez algún día, algo va a estar construido. Cabañas de color beige están en la sombra de los árboles enormes de mango. Su fruta es el objeto de diversión favorita de los niños indios. Los grupos de chicos de unos años son capaces de tirar piedras durante las horas largas con la esperanza de golpear a uno de los frutos anaranjados.

La mayoría de los aldeanos nunca habían visto un hombre blanco. Adultos nos trataron con distancia y reserva. No obstante, para los niños, que no saben los sentimientos la turbación y la vergüenza, estuvimos acontecimiento extraordinario. Desde la mañana, bandas de pequeñas Pocahontas llevaron sus desayunos al nuestro edificio y durante la comida, miraron a las criaturas extrañas. A veces un comentario, o nuestro gesto inconsciente provocó una salva de carcajadas. Sin embargo, normalmente, la observación tenía lugar en silencio completo.

la bonita

En principio los contactos con los habitantes adultos se limitaron a preguntas i peticiones ilimitadas y interminables para el cacique. Considerando la barrera del lenguaje y actitud para resolver los problemas del Capitano, a menudo vagamos, perdimos camino, hicimos las acciones extrañas (especialmente en los ojos de los nativos) o absolutamente no teníamos idea de qué deberíamos hacer.

Aunque, en el pueblo hay varios generadores de la electricidad, La Bonita se acuesta con atardecer. Se levanta justo antes del amanecer, despertada de sueño por uno odioso, agudo, agresivo y parecería grosero chillo de, por lo menos, tres gallos.

Intento de llegar a Canaima hicimos dos días después de llegada al pueblo. Exepcionalmente desafortunada expedición se acabó en nada. La razón directo del fracaso fue nuestra avaricia. Decidimos no pagar al último (como en consecuencia resultó) guia demasiado excesivo (en nuestra opinión, por lo menos) precio para cruzar el río. Al final del día, a los cansados y resignados, llevó consigo a La Bonita un chico quien estaba recorriendo los campamentos de alrededores.

Ese día, por la primera vez en serio nos perdimos. Donde los indios dicen que hay un camino, el hombre blanco no tiene idea a dónde ir. Y así, marchando desde la mañana, en algún momento nos encontramos en un lugar donde definitivamente no había ningún camino o sendero. Indicaciones de GPS confirmaron una vez más, que la estupidez no es dolorosa. La última esperanza y el punto de orientación fue el río. Para lograr su orilla, tuvimos que recorrer decenas de metros del area cubierto de vegetación densa. Media hora de batalla, usando solo cuchillos, frutaba en incontables heridas, abrasiones y picos clavados en todas las partes del cuerpo. Desafortunadamente, la marcha a lo largo del río no trajo el efecto deseado. La gente en el barco, que encontramos nos aconsejó, que deberíamos regresar a la „carretera principal” alejada solo a “media hora” de caminar.

En este punto, a modo de digresión, vale la pena describir el sistema indio de determinar los alcances. Sólo hay dos distancias: lo que está cerca (en la creencia del indio) se llama „media hora”, el resto está „muy lejos”. Aún pidiendo  indefinidamente, es imposible obtener información mas precisa.

Por lo tanto, un intento de llegar a Canaima, después de cruzar vado dos corrientes, travesura penosa de una montaña, un ensayo fallido de compra de canoa y marchando treinta kilómetros, fue desbaratada por avaricia. Durante el regreso a La Bonita, después de una hora en coche, toyota se detuvo en medio de „nada”. Chófer salió, y finalmente pudimos descansar las manos, que durante todo el camino apretaron fuerte las barriles de gasolina.

– Allá hay un camino a Playa Linda – dijo el indio, mientras mirando al otro „nada”, ubicado bastante lejos.

– ¿Dónde? – Le pregunté, al no ver ni una huella de alguno camino.

– ¡Ahí está! – Dijo, señalando el lugar no especificado.

– ¿Allá? Yo no veo nada. ¿Ves algo? – le pregunté a mi amigo.

– No hay nada allí.

– ¿Cuando vengan por „aquí” mañana, hay que caminar por “allá”. Cuando van a llegar a Playa Linda, seguramente alguien les llevará a través del río – dijo el indio.

– Sólo que, por un hombre blanco la definición de „aquí” y „allá” parece como los miles de ubicaciónes a la vista de la sabana monótona – agregué en mis pensamientos – De todos modos, hoy día, ya suficiente nos perdimos en lo que se llama „senderos indigenos”. Vagando la mitad del día por los terrenos vacíos, donde se tiene la impresión de que incluso el GPS se ha vuelto loco del calor, es suficiente lección práctica de „auto-uso de los caminos indios por los blancos”.

Al fin y al cabo, hicimos el último intento, exitoso en este caso, de llegar a Canaima. Le despedimos al cacique, y salimos del pueblo hospitalario La Bonita y nos dirigimos hacia el punto acordado en la orilla del río. Después de una breve negociación con hombre quien nos esperaba, nos empacamos en el bote y navegamos unos veinte kilómetros. De acuerdo con nuestro guía temporal, el camino que llevaba la selva, dentro de „media hora”, deberíamos llegar a la ciudad, que en nuestras mentes ya se cubrió con una leyenda fantástica, prometedora de todas las comodidades, que ofrece el mundo civilizado. Noventa minutos después, escalamos, ya que es imposible llamarlo caminando o subiendo, por pared vertical, por cual llevaba el „camino”, que es un „atajo” para saltar del „larga” marcha de forma ordinaria. Al llegar a la cima, empapado hasta los huesos, jadeando, a lo lejos vimos la nuestra Tierra Prometida – Canaima.

Casitas pequeñas, desde la distancia parecían convocarnos, con la promesa de descanso por las ​​piernas fatigadas.image116a Situada cerca del pueblo laguna con tres cataratas chicas, rodeada de paisajes hermosos y canto de los pájaros tropicales, parecía un paraíso oculto por la humanidad, que invitaba con la frescura agradable del agua, que calma el cuerpo caliente.

Dos horas más tarde, atravesamos los últimos arbrustos y nos encontramos en una sartén calurosa del asfalto. Las avionetas pequeñas siguieron en ambas direcciones, despegando y aterrizando. En el otro lado de la pista, los hombres vestidos con uniformes verdes, se avivaron. Segundos más tarde, llego un jeep de la Guardia Nacional y uno de los soldados en un tono, que no admitía oposición, nos invitó a entrar. Nos llevaron a la comisaría, donde un oficial quien quería parecer de forma amenazante, se ocupó de nosotros.

Canaima – el paraíso perdido

– ¿Qué carajo, ustedes están haciendo aquí? Que están pensando? ¡Podrían causar un accidente en la aviación! – Rugió el coronel de la Guardia Nacional.

– No sabíamos.- respondimos ingenuamente, usando la réplica universal, preparada para este tipo de situaciones.

– ¡Ustedes son una amenaza! ¿Con que empresa viajan?

– Sin … empresa.

– ¡¿Como… sin!? Con quien vinieron aquí?

– Con nadie, sólo nosotros dos.

– ¿¡ … !? ¿De donde vienen?

– De Polonia.

– ¡Les pregunté de qué ciudad! – El oficial comenzó a parecer como un toro muy furioso, que no puede entender por qué atras de muleta de torero,  sus cuernos siguen cortando el aire.

– Desde La Paragua.

– ¿ … ? Cómo … uh … en coche?

– No, a pie.

– ¿…?  uh … ¿qué? – tartamudeó, perdiendo el concepto de pacificación de los intrusos.

– A pie, caminamos seis días. Hace dos días nos encontramos con los indios en La Bonita, hoy llegamos a La Candelaria, donde habían los indios con el barco. Nos transportaron a través del río. Caminamos cinco horas por aquí de la orilla, y debemos admitir que estamos muertos de cansancio.

– ¿… … … … … … … … …? – Y luego añadió, ¿… … … … … … … ….? – La boca del oficial lentamente pero significativamente se abrió y hubo un largo silencio incómoda, para ambos lados de conversación. Detrás de su espalda se escuchaba el rumor, de cual lo que sólo se podía sacar fue: «La Paragua”, „seis días”, „a pie”. El silencio sólo cortaba caída de la mandíbula del oficial, que sin sonido, se rendía a la fuerza de la gravedad

– ¡Pasaporte! – Gruño después de un largo momento de pensamiento. -¡¿ Ocupación!?

– Estudiantes – mentimos unánimemente.

– Yo me encargaré de ellos – oímos detrás de la espalda del oficial. Esos fueron las palabras del coronel Marco, nuestro futuro amigo y guía por los precios más baratos en Canaima.

Para creer en lo que hemos visto, varias veces tuvimos que restregarnos los ojos atónitos. Canaima es un pueblo turístico, edificada con las posadas blancas y elegantes. Ofrece servicios bancarios, internet y tiendas de artículos diversos. Por los senderos cubiertos con gravilla, andan los turistas alemanes blancos como el papel, vestidos en pantalones definitivamente demasiado cortos y sombreros cómicos de paja. Todo esto ocurre más de cien kilómetros del punto más próximo que es digno de ser llamado civilización. Después de días pasados ​​en tierra, donde una vista de otro humano es muy rara, en los sueños más atrevidos, no podríamos imaginarnos, que podemos encontrarnos en la fábrica de turismo, donde los visitantes pasan no mas que tres días, llevados en decenas de avionetas, que constantemente trajinan sobre la pista del aeropuerto.

Por eso, para los habitantes de Canaima nuestra llegada se convirtió en un acontecimiento que diversificó vida cómoda y perezosa, sino un poco monótona. Después de arreglando todas las formalidades broy desenredandonos de problemas relacionados con la intrusión a la pista, Marco, muy contento de encuentro con un homónimo, nos llevó al bar, que es „el es más barato, el mas sabroso y no hay turistas”. Los sonidos de la música latina flotando de los altavoces, aceleraron el proceso de unificación de nuestro cuerpo con las sillas de plástico muy cómodas y confortables.

– Hace mucho tiempo, vino aquí dos españoles a pie – resume la conversa interrumpida por tomando una cerveza fría, el compañero de Marco – Les digo, una vista horrible, un vino sin zapato. Cuando los llevamos por aquí, bebieron dos litros de agua y prepararon un kilo de spaghetti – añadió claramente divertido con su historia.

– Por eso… Ustedes dos, están entrando a la pista del aeropuerto militar con una sonrisa en la cara. Los arrestaron y ustedes solo pidieron por un cigarrillo y una cerveza. – Se junto a la conversación, nuestro salvador, el coronel y jefe del aeropuerto local, dueño y señor de Canaima Marco. – ¡Y eso es lo que me gusta en ustedes! -Hizo la conclusión, claramente contento de nuevos amigos.

Nos sentimos muy felices. Brindis de la cerveza fría y un poco aguada saboreaba exepcionalmente. El cansancio constante, el dolor de las fracturas en los pies y incomodidad de suciedad que pegaba a todo el cuerpo, tenía que dar lugar a una sensación de onda de frío fluiendo a través del esófago. Esto significaba el logro de nuestro objetivo y el final de la marcha exhaustiva.

Esa noche dormimos como bebés. La mañana del día siguiente, el esfuerzo comenzó de nuevo. Nos esperó la canoa, dos indios – el guía y el motorista, Giovanni – un Intaliano de Caredeña – un compañero de viaje excelente, y en algún lugar al final del día, la cascada más alta del mundo, el Salto Ángel (o más bien, como era, Angelito).

Viaje por río Carrao y Churún es maravillosa. Naturaleza intacta por el hombre, pone en el estado de estupefacción. Ríos cobreños parecen defenderse con dificultad a inundaciones del verde intenso del océano de selva. En el bosque resuena un millar de sonidos, un concierto hipnótico, una extraña, no proyectada armonía silvestre. En el cielo los predadores grandes giran majestuosamente, mientras, cerca de canoa, ondulando sus alas en una manera imperceptible, en el aire se ciernen los colibríes coloridos. De la jungla verde crecen los monumentales, casi irreales, poderosos tepui. Los colosales montañas de la mesa con paredes verticales parecen ser una obra de otro mundo. Los cumbres planos se bañan en nubes blancas, y ponen en una admiración silenciosa. El tiempo se detiene, desaparece el espacio, los pensamientos dejan circular en la cabeza.  Antes estos monumentos increíbles de la naturaleza, que vienen de algunos lugares míticos de mundos perdidos, los peregrinos caen  de rodillas en el homenaje intransigente rendido a la belleza, el poder y las posibilidades infinitas de la naturaleza creadora.

Y sólo crujido de las piedras, que rozan fondo del canoa, despierta al hombre del estado de hipnosis. Una y otra vez hay que empujar barco encallado en el cauce del río rocoso. Sin embargo, nadie no tiene ninguna duda, que el esfuerzo vale la pena. El espacio llama. Los tepui que narcisisticamente se miran en el espejo del agua, prometen una nirvana estética. De uno de ellos, atrás de una curva del Churún, al final, vamos a ver el agua que cae de la pared enorme.

tepui

Aunque el Salto Ángel debe su nombre a su descubridor, hay que decir que tiene algo angelical en sí mismo. Durante la temporada seca, el pequeño arroyo de agua que cae a lo largo de una pared vertical de color naranja oscuro, en el medio de su huida se convierte en una nube de pequeñas gotas. Una niebla fina contrasta con la monumentalidad de la montaña. Al final, una cascada de casi un kilómetro (976 m) se pierde en la abismo de la selva.

La realidad desaparece. Mundo de los sueños de niños existe.

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P.S.

Por lo general, durante el viaje no estamos capaz de admirar las cosas. Bellas imágenes de los destinos, que visitamos vienen a la mente más tarde. Sólo después de algún tiempo, las impresiones se organizan en la cabeza, creando recuerdos únicos.

Esta vez, fue diferente. Lo que hemos tenido la oportunidad de ver, dejó el aliento, detuvo el corazón, y puso en una admiración silenciosa.

Por eso, el concepto, y así como el texto mismo, estaban creados lentamente. Hemos tratado de poner sobre el papel, la impresión, que teníamos oportunidad de experimentar durante el viaje.

Sin embargo, la lectura de este texto, una vez más, parece ser pálida, borrosa, y a veces trivial en comparación con lo, que vimos.

Tal vez, nos faltan habilidades para describir todo, lo que queremos decir. Tal vez, por los lugares donde estuvimos se debe enviar un poeta para comprender adecuadamente la belleza. O quizás, hay lugares en el mundo, que no pueden ser descritos, fotografiados, en una palabra – relacionados,  porque repitiendo después de Shakespeare ” que en el cielo y en la tierra hay más de lo que puede soñar tu filosofía „.

PiK

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